Soles de otras primaveras 

chica  en autobús
Cada vez que escucho el tema You got it, de Roy Orbison, me viene a la mente el recuerdo de la primera vez que oí esa canción. Fue en un autobús durante una excursión del colegio. Era cerca del mediodía, el sol calentaba a través del cristal de la ventanilla y me sentía bien. La canción me pareció de esas que te ponen happy, por aquel entonces no entendía muy bien la letra con mi inglés de colegio, pero me daba buen rollo.

La música me transportaba hacia posibles futuros, posibles amores, observaba la cuidad desde la altura del autobús e imaginaba.

Tenía 14 años, me encantaba ir en autobús y la ciudad. Me pasaba los días imaginando lo que pasaría cuando fuera mayor. Todo estaba por llegar, cualquier cosa era posible, el abanico era infinito, la amistad era lo más importante del mundo, los padres un estorbo necesario, los chicos muy guapos, inalcanzables y un misterio, la inseguridad me hacía admirar y envidiar a cualquier chica que no fuese yo, la timidez me hacía sentir tonta…

Siento nostalgia de esa sensación de tener tantísimo tiempo por delante, de tener miles de caminos para elegir, de no saber la persona que llegaría a ser, ni en que me convertiría. En aquel entonces podría haber sido médico, abogado, escritora, profesora, veterinaria, madre, podría haberme casado de blanco o en Las Vegas, o en Bali, podría haber hecho un erasmus o haberme ido a la India con una ONG… Todo, absolutamente todo, era posible.

Con la mitad del camino recorrido, los caminos que se abrieron, cerraron otros. Se limitan o limitamos las posibilidades, pensando que no nos quedan fuerzas para empezar de cero, que ya hemos elegido un camino y debemos permanecer en él. El dolor de algunas experiencias nos han hecho temerosos. La sociedad nos ha hecho creer que a determinada edad ya debes tener la “vida hecha”, ya deberías haberte realizado como profesional, tener una familia y tus responsabilidades bien atendidas.

Perdemos las ganas de bailar y saltar sin parar, de cantar a todo pulmón, la pasión por lo desconocido y experimentarlo. Sí, no puedo evitar sentir nostalgia. Están tan lejos esas sensaciones. Y aún así, a veces las recuerdo tan nítidas… No daría también cierta pereza volver a recorrer todo el camino? Al menos ahora puedo detenerme a disfrutar de las cosas sencillas, apreciar más los detalles, desdramatizar las situaciones que no merecen ser una tragedia.

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