Turno de noche para insomnes

eres más fuerte de lo que crees En toda la semana libre no cumplí con mi plan de hacer ejercicio que empecé la semana anterior. Había tenido que dejarlo por la cuarentena tras la conización. Después  de todo lo que había avanzado los tres meses previos a la intervención era como empezar de cero.

 Ayer tras empezar la semana del turno de noche, al llegar por la mañana, con todo el sueño y toda la pereza del mundo me forcé a hacer mis 20 minutos de rigor -no es mucho, lo sé-, intercalando el cardio con abdominales y pesas. Las noches machacan mucho y de día se duerme “a trozos”, con lo que paso el día en la cama y la noche trabajando sentada frente a un ordenador. Así que, sí o sí, debo obligarme a hacer, por lo menos, esos 20 minutos de gimnasia -menos es nada…-, si no quiero atrofiarme y volverme amorfa. 

 Si no fuera porque sólo trabajo dos semanas al mes no creo que aguantase trabajando siempre de noche. Trabajar de noche te obliga a ser más solitario, a cambiar todo el ritmo de vida. Cuando todo el mundo está activo tú debes descansar, y cuando todo el mundo descansa tú debes permanecer activo. 

 Desde que recuerdo la noche me da miedo. Siempre me ha inquietado la hora de meterme en la cama. Quizás por el miedo al insomnio. De pequeña muchas veces me mandaban a la cama sin sueño, y allí, en la cama sola y en la oscuridad venían todos los fantasmas y monstruos. No quería dormir sola, y le pedía a mi madre dormir en su cama. Nunca me dejaba. “A dormir cada uno a su cama”, era su respuesta. Me compró una de esas lucecitas nocturnas que se enchufan y que emiten una suave luz anaranjada para atenuar mi temor, pero las sombras que se creaban en la penumbra no eran mucho más tranquilizadoras que la negrura. Nunca he llegado a deshacerme del todo de ese miedo al momento de meterme en la cama. 

Meterme en la cama cuando comienza el día, sin embargo, no me da miedo. Quizás porque, al ser de día, no lo asocio a esas noches de terror nocturno de la infancia. Quizás porque escucho la vida a mi alrededor en su devenir cotidiano, o porque puedo tener insomnio y moverme libremente sin miedo a hacer ruido… Ya no le molesta a nadie que me levante a las cinco de la madrugada en mis semanas libres -cosa que me encanta hacer, pues esas horas de madrugada las dedico a leer, a ver algún capítulo de alguna serie que esté siguiendo, o al blog-, pues todo mi entorno está acostumbrado a mis horarios trastornados.

 A la tolerancia de mi pareja para con mis horarios locos de sueño y al turno de noche les debo que tenga un miedo menos. ;-). 

 Imagen encontrada en We Heart It.

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