Lo extraordinario de lo ordinario

chica en azotea

Por mis persianas abiertas entra la voz de un niño de unos cuatro años cantando. Me recuerda a la vocecita de chicle de mi sobrino y me enternece. Es la voz de la inocencia, del amor y la esperanza. Sonrío para mis adentros escuchando la melodía de esa voz aún nueva en el mundo que apenas desafina.

Después del paseo con Kyna, me siento en el balcón. Aún hace mucha calor. Cuando él llega se sienta conmigo a la fresca. La noche es agradable. Nos quedamos mirando la luz de un avión que cruza el cielo. Comento que, pese a lo normalizado y común del  hecho, me parece increíble que allá arriba, en medio de la negrura del cielo nocturno, dentro de esa luz que vemos parpadear tan lejana vayan sentadas muchas personas. Nosotros sentados en el balconcito y ellos sentados dentro de esa maquina voladora pasando  muy por encima de nosotros delante de nuestros ojos. Se ve tan pequeña e indefensa esa luz, allí, suspendida entre la oscuridad… Me imagino a la gente a escala real, sentada, con sus cinturones abrochados, mirando por la ventanilla las luces que dejan bajo ellos, viéndolo todo tan diminuto como nosotros vemos ese avión, reducido a una luz intermitente.

Imagen: No me tomes en serio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s