Yo y el taller de escritura

cuaderno vintageMe he apuntado a un taller de escritura. No sabía muy bien lo que me iba a encontrar pero tenía ganas de emprender alguna actividad nueva y ahí que fui.

El primer día no pude ir pues me encontraba en Roma. Ese segundo día éramos cuatro chicas. No había visto en mi vida a ninguna de ellas y me sentí un poco tímida pues todo estaba muy ambientado hacia la intimidad: velas, cojines en el suelo en los que sentarnos en círculo… parecía más una terapia de grupo que un taller de escritura.

En uno de los ejercicios nos pusimos en círculo y teníamos que elegir por contacto visual a un pareja. Melisa miraba a Graciela, Graciela miraba a María, María cruzó un par de miradas con Melisa pero finalmente se rindió ante la insistente mirada de Graciela. Por supuesto nadie me miraba a mí. No había conectado con nadie. Eso que pasa algunas veces que de primeras ya notas cierto feeling con una persona…, pues eso no me pasó aquel día. No sé si ellas ya se habían visto el primer día de clase o si ya se conocían de antes y por ello sentían más afinidad entre ellas, la cuestión es que ahí estaba yo, plantada mirando a unas y a otras sabiendo que me tocaría con alguien por descarte. Me tocó con Melisa que me dedicó un amago de sonrisa al ver que no le quedaba otro remedio que empezar el ejercicio conmigo. Teníamos que decir una palabra y acto seguido escenificarla para que nuestra pareja hiciera de espejo y copiara nuestros movimientos.  No tengo ni idea de para qué servía ese ejercicio. Si lo que quería nuestra profe era que rompiéramos el hielo, en mí consiguió el efecto contrario y me quedé absolutamente bloqueada. Tanto es así que para el ejercicio que realmente me interesaba que era escribir -en aquella ocasión una carta para alguien con quien tuviéramos una conversación pendiente-, no me salió ni una sola palabra. aquelarre de mujeres

Tendría que llevar la carta escrita para la semana que viene y así poder comentar los posibles errores gramaticales, pero aún le doy vueltas al destinatario de la carta. Quizás porque una de mis conversaciones pendientes y la que más veces reproduzco en mi imaginación es demasiado secreta para materializarla en papel y hacerla visible para algún ojo indiscreto. Y tal vez porque la otra conversación pendiente contiene demasiado odio y rabia, y si la escribiera tal como la pienso y la deseo sería demasiado turbadora para leerla delante unas completas desconocidas -¿qué pensarían de mí? probablemente que soy una sociópata…-.

Bueno, tal vez lo más probable y sensato sea escribirle una carta a mi perrita Kyna. Así me moveré en un terreno seguro.

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