Las camas individuales

Hoy me levanté optimista. Hoy no me importa la edad, no me siento atrapada por el paso del tiempo, ni me atenaza el estrés de querer llenarlo a toda costa para paliar la sensación de su pérdida. Simplemente quiero ser. Ser yo, respirar yo, disfrutar yo. Y hoy me he propuesto que sea un buen día.

Voy a apreciar el libro que estoy leyendo (Las camas individuales, de Françoise Dorin, 1982), libro que me está encantando y que anima a vivir y a disfrutar sin miedo cualquier etapa de la vida, sin pensar tanto en el que dirán, y atacando todos los paripés sociales en los que nos vemos envueltos. Sin que bien sea su propósito, este libro me llena de positividad. Lo recomiendo a todo el mundo que haya cruzado la barrera de los treintaitantos y mire con temor y recelo, oponiéndose a la idea de abandonar a Peter Pan -o lo que es lo mismo, entrando en la crisis de los cuarenta o cincuenta, pretendiendo rejuvenecer subido a una moto tarareando mentalmente aquello de Born to be wild, o levantando la moral elevando de paso el pecho con plástico, o pretendiendo simular un rostro terso a base de inyecciones de botox para sólo resultar inexpresivas, borrando lo vivido como muñecos hechos en serie-, lo que le espera en la tan temida por muchos etapa de la mediana edad, y a la típica resignación de la pregunta “¿he desperdiciado mi juventud?”, o esta otra: “¿qué he hecho con mi vida hasta ahora?”.

Y prosiguiendo con el tema que me ha traído a estas líneas… Voy a sentir el frío mar y beberme su color. Voy a sentir calma, de la que he estado huyendo siempre por miedo a que no pase nada. Cada vez estoy más convencida de que la felicidad consiste en eso: Estar en paz. Estar en calma. Después de oir cientos de veces aquello de “estar en paz con uno mismo”, le voy encontrando su significado y su importancia. Y no es fácil, no, no. Hay que trabajar en ello. Hay que dejar de lado la resignación del “yo soy así, y no puedo cambiar” y empezar a apostar por que llegaremos a parecernos a la persona que querríamos ser. Estemos en el punto en el que estemos. Da igual si tenemos veinte, cincuenta u ochenta años. Aún sin convencimiento al principio, como si fuéramos actores emulando las características que admiramos en otros, pero si al final el resultado es que la percepción de ti mismo cambie a mejor pues amén.

Así que moño p’arriba, me voy a limpiar el baño (no es una idea atractiva pero es algo que me he pospuesto y necesito hacer), saco a pasear a Kyna, me planto el bikini, espero a que mi amor llegue del trabajo -yo tengo libre-, y nos vamos a zambullir en un energizante mar turquesa. Ahí queda eso, y a quien le parezca poco excitante mi plan del día ¡qué coma habas!

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4 thoughts on “Las camas individuales

  1. ¿Poco excitante? Parece un plan genial, espero que lo hayáis pasado muy bien!Y si leer ese libro ha sido en cierto modo el motivo para que escribas esta entrada tan bonita, me lo apunto para leerlo porque seguro que merece la pena. 😉

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  2. Gracias Romy por informarme y por desvelar en el foro la verdadera autoría de los textos. No me gusta la gente que se dedica a coger textos ajenos y publicarlos como si fueran propios. Al menos que tengan la decencia de indicar las fuentes de las que sacan lo que escriben.Miraré de tomar medidas contra ello.Saludos!

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